La corrosión es uno de los grandes enemigos de las estructuras de acero, capaz de destruir todas sus ventajas. Alrededor del 30% de la producción mundial de acero se pierde debido a este fenómeno (según la ATEG, Asociación Técnica Española de Galvanización).
La corrosión afecta a los materiales expuestos a diferentes ambientes o tipos de atmósfera, expuestos al agua, a la tierra (suelos corrosivos, hormigón...). Además, no sólo afecta a las estructuras metálicas. Los puentes de hormigón armado y de hormigón pretensado también utilizan componentes de acero en su diseño y, por tanto, pueden sufrir este fenómeno.
En cuanto a la obra en sí, el fallo por corrosión se considera generalmente como la presencia de un 5% de corrosión superficial del acero (según Javier Tundidor, director técnico de ATEG), pero más allá de ese primer 5%, este proceso, si no se controla, puede hacer que el acero pierda su integridad estructural y provocar daños catastróficos, como en un edificio frente al mar en el que tuvimos que actuar recientemente y en el que nos encontramos con un balcón apoyado en esta viga.
TIPOS DE CORROSIÓN EN EL ACERO ESTRUCTURAL
- Corrosión seca (corrosión a alta temperatura): Oxidación directa del acero a alta temperatura (>1.000 ºC) durante la forja y el laminado en caliente. En metales muy activos (Na, K, Mg) puede ocurrir a temperatura ambiente.
- Corrosión electroquímica (corrosión húmeda): Se produce en condiciones ambientales normales (-10, +50 ºC). Se produce por la formación de baterías o microbaterías galvánicas, e incluye entre otros el fenómeno conocido como oxidación de los pares galvánicos.

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